El Cine Edén

Javier Raygoza Munguía

El otro día pasé por el ex Cine Edén y me entró la nostalgia. Me dieron ganas de ver cómo está ahora… supongo que lleno de ratas y cagadas de palomas…

Recuerdo que uno entraba al cine abriendo la pesada cortina verde y el acomodador ayudaba con su lámpara a buscar lugar.
Más de alguna vez nos sentamos encima de alguien. En una ocasión, una señora se sentó en mis piernas… no lo disfruté porque tenía como once años y la dama en cuestión era de amplia adiposidad y grande veliz.


En el cine se fumaba, se vendían tostadas y garapiñados en bolsitas de celofán que hacían un molesto ruido.
El infelizaje de ese tiempo, principalmente los que estaban en balcón, es decir en Gayola, lanzaban las colillas de cigarro a los de abajo, quizás tratando de liberar un poco su frustración de jodidos.
La Pepsi, bebida oficial en ese tiempo del cine Edén, preferentemente al tiempo, era ideal para lanzar unos súper eructos, que los más vagos y profesionales se aventaban a la hora de las escenas románticas.
Las mentadas de madre al prosaico autor no se hacían esperar; y cuando a falta de Pepsi eran sustituidos por un sonoro gas o varios, según la habilidad y administración de aire del ejecutante, los albures llenaban la sala.
Se aplaudía al muchacho de la película, nos asustaba el Monstro de la laguna negra, aunque se le viera el cierre del traje; El Santo, el Enmascarado de Plata era nuestro héroe y Viruta y Capulina nos hacían reír.
El cine tenía intermedio y los chiquillos aprovechábamos para jugar a las luchas en los pasillos. Con los años, algunos amigos de esa lejana infancia siguieron jugando a las Luchas; uno se disfrazaba de Lucha Villa y otro de Lucha Rreyes...
En el intermedio se aprovechaba para para comprar lonches o hot dogs, tostadas y palomitas y luego continuaba la película.
Las matinées de los domingos pasaban películas viejas y uno salía todo encandilado a las dos de la tarde. El cine empezaba a las 4:10 de la tarde y una o dos películas nuevas eran por semana, los estrenos tardaban en llegar y no faltaba quién presumiera que ya había visto la película en Guadalajara.
Luego vinieron las video casetereras y el cine Edén entró en crisis, así que en actos desesperados comenzó los miércoles a pasar películas porno… Los centros de video le dieron la puñalada fatal y el cine cerró.
Una bandera de huelga duró bastante tiempo en las puertas del cine y una señora tejiendo estambre estuvo ahí bastante tiempo sentada en una sillita, emulando a la célebre y mitológica Penélope, quizás deshaciendo en la noche su tejido para volverlo a comenzar.
Ahí está el armastrote en la calle Cinco de Mayo, se ve desde el cerro de la cruz y en Google Maps. Probablemente muchos chapalenses, ellas y ellos, de los que lo vivieron recuerdan su primer beso, su primer agarrada de mano o de chichi; quizás suspiran por las tostadas o lonches, por las ocurrencias de los vagos; o porque ahí adquirieron el estúpido vicio de fumar.
En estos tiempos ya resurgió el cine y es otro concepto, es limpio, tiene uno películas para escoger, aire acondicionado a veces helado y su luz indirecta en el piso penumbra que permite ver y hasta molesta.
En vez de pasar los cortos de “Provincia en Marcha” salen anuncios de negocios locales.
Me siento en las suaves butacas y comparo a los asientos de madera y cuando fueron acojinados y con los resortes de fuera del cine Edén.
Voy al baño y están limpios, no huelen a orines ni tienen “Puto el que lea” en las puertas.
Además es de mal gusto aventarse un sonoro ventoseo, porque es mal visto…
Cómo cambian los tiempos…

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