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Detrás del Mostrador


Javier Raygoza Munguía

El mito dice que hace tiempo que había establecimientos en donde se podía encontrar desde clavos, veladoras hasta pólvora y carbonato entre otras cosas y se llamaban tiendas.

Si usted, estimado lector, su señora madre lo mandaba a comprar manteca, cebollas o un decílitro de alcohol, recordarán aquellas tiendas con su mostrador de madera con bordes desgastados por el uso, con su balanza verde y sus charolitas de cobre, con sus pesas acomodadas en un bloque de madera con agujeritos para cada medida de peso.
Al llegar a esas tiendas olía a jabón, a maíz, a frijol a chiles secos, todo combinado.
Algunas tenían su barril vitrolero de vidrio grueso con patas de puerco, o chiles jalapeños; por un lado una charola de queso o panela tapados con una malla para que no se le pararan las moscas.
Dice el mito que el papá mandaba al chiquillo por la coca, por cigarros; por thinner o por un cuarto de chorizo con la encomienda de que se fijaran en el «vuelto» y que se lo dieran envuelto en papel.
El tendero o la doña tenía la habilidad de cortar el queso seco, la longaniza o pesar las lentejas con la medida casi exacta; luego con la chaira o el cuchillo hacía sus números en la base del mostrador o en un papel de estraza y daba la cuenta; el cliente pagaba y el tendero arrastraba el dinero con la mano, al mismo tiempo que abría el cajón detrás del mostrador y caía para mezclarse entre los pesos, tostones, Josefas y billetes de a peso…
A un lado de ese pesado y destartalado cajón estaba otro igual que contenía azúcar en bloques y dentro de este una hacha para partirla (dentro del cajón) según lo que se necesitara.
A la entrada de la tienda, casi siempre había una hielera que tenía cervezas, Aguilitas, Chaparritas del Naranjo, Lulús de fresa y Pato Pascual de uva, enfriadas las botellas de vidrio con una media barra de hielo que se partía con un picahielos.
Mis tías tenían una tienda en Guadalajara que hasta vendían lonches de jamón con queso y chiles jalapeños.
Chapala ha tenido muchas tiendas que han trascendido y otras fueron efímeras.
Se tiene registro de una tienda llamada “El Pacífico” allá por el año 1885 que el 14 de febrero fue asaltada “por una gavilla de ladrones” y fue propiedad de los señores José María Mora y Manuel Ramírez.
Hay un documento de 1895 que el señor Marcos Sánchez puso una tienda en el cuartel 4º de la calle del Agua Caliente (Hoy Avenida Hidalgo)
Por ese tiempo, un señor llamado Pablo Serna era propietario de un tendejón con cantina y el 31 de julio la señora Lorenza Jaramillo vecina de Chapala, se presentó ante las autoridades, quejándose que
“…antes de ayer entre una y dos de la tarde al pasar su hija Porfiria Moctezuma por la tienda de don Pablo Serna, salió de allí Faustino Arraiga ebrio y la abrazó, besándola en seguida por la fuerza. Asimismo, se presentó el ciudadano Yreneo López alcalde constitucional propietario de esta población, que actualmente disfruta de licencia, quejándose de que lo insultó con palabras injurias; por todo lo cual, fue capturado y se pone a su disposición en la cárcel de esta localidad a fin de que se sirva practicar la correspondiente averiguación”.

En el año 1900 se abre una tienda llamada «La Palestina» donde su propietario era J. Ynés Velasco y Marcos Sánchez abre una tienda llamada La América en la calle Agua Caliente No. 19. (Av. Hidalgo) En 1906 cierran La Palestina.
Allá por 1920 Fernando Real adquiere en traspaso la tienda denominada “La Victoria”, situada en la casa sin número de la calle Zaragoza, manzana 3ª del cuartel 1º, el tendejón expendía a la vez bebidas embriagantes, esta pertenecía a Pablo Venegas y su esposa María Torres.
Siempre hubo aperturas de tiendas, clausuras y traspasos de tiendas, el 30 de junio de 1932 Cesáreo S. Martínez clausura el giro comercial tienda de abarrotes, que tenía establecido en la calle Hidalgo.
En enero de 1943 Francisco Enciso S. hace la apertura de un giro comercial tienda mixta.
El 1 noviembre de 1945 María de Jesús R. de Macías traspasa a favor de Esperanza Macías de M., su giro de tienda mixta que tiene establecido en la calle Hidalgo (a mi juicio creo que es la tienda de Don Pancho Macías, es decir, las famosas Casetas).
El 8 de marzo de1948, Luz María Nava Sánchez inicia operaciones del giro comercial de tienda de abarrotes, que se ubica en la calle Juárez No. 231 en Chapala.
El 20 de mayo de 1952 Fernando Cuevas García establece un giro comercial tienda de abarrotes, en el exterior del mercado municipal J. Encarnación Rosas.
El 2 de marzo de 1953 Josefina Calzada de Sánchez abre al servicio público un giro comercial tienda mixta, que se ubica en la calle Juárez No. 275… Para cerrarla en 1954 el 27 de enero.
El 4 de agosto de 1959 Teresa Moreno de Aguilar establece un giro comercial tienda mixta, que se encuentra ubicado en el exterior del mercado municipal, J. Encarnación Rosas.

El 25 de enero de 1960 Esperanza Ramírez Anaya hace la apertura de un giro comercial tienda mixta denominada “El Progreso”, que se encuentra ubicada en la calle Juárez, No. 535.
María Trinidad Alcántar de Sánchez, el 25 de mayo hace la apertura de un giro comercial de tienda de abarrotes denominada “La Sorpresa”, que se encuentra ubicada en la avenida Francisco I. Madero, No. 226.
Por su parte Margarita Durán Barajas clausura el 30 de junio de 1963 definitivamente el giro comercial tienda mixta, que se encontraba situado en la calle López Cotilla, No. 355.
En agosto de 1966 María de Jesús Cuevas Castellanos inicia operaciones de un giro comercial tienda mixta, venta de ropa en pequeño, curiosidades, regalos, mercería, juguetes, etc., que tiene establecido en la calle López Cotilla, No. 306.
Las tiendas que yo conocí y que me mandaban era a la de don Miguel Sánchez, que estaba a unos metros de lo que hoy es Banamex por la Av. Madero. Tenía a la entrada sogas de diferentes tamaños; también estaba la de don Romualdo, que estaba por la calle Degollado y ahora arreglan zapatos y las Casetas que vendía anzuelos, brújulas y muchas cosas raras… Es curioso que estas tres antes mencionadas, no han cambiado su fachada.
Atrás del mercado estaba la tienda de Don Mere, donde me mandaban por manteca y también vendían lonches de cajeta y con queso y chiles jalapeños. Y enfrente del mercado estaba la popular y bien surtida tienda de don Felipe Huerta.
Por la Zaragoza estaba la tienda de don Juan Ramírez, en la esquina de la Zaragoza y Degollado, la tienda de la seño Chagua, la tienda de don Manuel Martínez donde ahora es GUBA, etc.
Luego hubo otras más como la del señor Mora que estaba en la esquina de Morelos y Juárez, ahí era la central camionera antes.
Cabe mencionar las tiendas de los barrios, como la que estaba en la esquina de Guerrero y López Cotilla en el barrio de las cuencas de vidrio.
Antes de que existiera el “Súper” de Fernando que cambiaba de giro cada rato por cuestiones fiscales y el supermercado de Gustavo Sánchez Nuño, recuerdo en mi infancia que una niña cliente que seguido jugaba con nosotros cuando iba a comer con su familia, me contó que había ido a una tiendota enorme donde uno podía agarrar el mandado y lo echaba a un carrito de fierro donde acarreabas todo… Yo no me podía imaginar tal cosa.
Ir a la tienda era una aventura, regresabas a tu casa cargando en un alcatraz de periódico un kilo de harina que aunque se te cayera no se abría, ni el birote calientito se salía del papel; el petróleo o el aguarrás te lo llevabas en una botella de refresco; la cajeta en un papel y los dulces que estaban envueltos en papel de china, casi te los comías con todo y todo.
Las escobas estaban hechas de un palo como caña, duro y resistente que con ese se rompían las piñatas de cántaro y lo sentías de vez en vez en el lomo como correctivo materno.
Un día las tiendas van a ser un mito, una leyenda donde dirán los que compran por internet que contaba su tatarabuelo que de niño, con el canto de una moneda de a veinte le pegaba a la superficie del mostrador diciendo “¡Quiero…!”
¿Usted se acuerda?

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