Javier Raygoza Munguía
El mito dice que cuando el Beer Garden, era el Beer Garden, se hacían una fiestas muy elegantes, donde la sociedad ribereña tenía una muy probada exquisitez musical…
Dicen que dos bailes en Chapala eran esperados con ansia: el baile del martes de Carnaval y el baile de fin de año, ambos en el Beer Garden y eran amenizados por orquestas en donde había músicos chapalenses.
“Se llenaba a reventar el Beer Garden, la gente iba con sus mejores galas y cuando acababa de tocar la orquesta alguna pieza, todos aplaudíamos” recuerda una señora.
Dicen algunas damas chapalenses que mandaban a hacer sus vestidos con Socorrito Lapine, con Beatriz Sepúlveda y con Antonia Velasco o Toña la del Apa, como se le conoce popularmente.
Algunas personas cuentan que en el “Beer” empezaron el noviazgo o terminaron con su pareja.
Había otro evento que rivalizaba y hasta superaba a los dos anteriores y también era muy esperado: el cumpleaños de Héctor Márquez, dueño de la Farmacia Morelos, que se organizaba en ese restaurante del malecón y era imperdible para la sociedad local pues los invitados disfrutaban de escuchar en vivo y convivir con los artistas de la época, que Héctor invitaba y pagaba de su bolsa…
Mientras que los visitantes domingueros escuchaban el grupo en turno todos los domingos; la comunidad local, otros días de la semana, cuando había fiesta, tenía el privilegio de disfrutar a las orquestas de Enrique Reyes, Paco Jáuregui, Carlos Campos, a Olga Guillot, a Manolo Muñoz, a José José (borracho, pero no se desafinaba), a Juan Torres, a los Hermanos Reyes y muchos más.
Quizás algún lector vaya a objetar que también en el Piano Bar, en el Restaurant La Viuda, en Montecarlo o en El Hotel Real de Chapala, también se presentaban artistas de renombre y no sólo en el Beer Garden… tiene razón, pero el Beer era el Beer.
Según datos del archivo histórico, Ignacio Arzapalo a principios de la última década del siglo XIX, más o menos en 1898, construye el Hotel Arzapalo (1898-1918), principio de los hoteles; Palmera, Niza y Nido. “La construcción se localiza frente a la playa y cruzamiento con la calle del Muelle hoy Francisco I. Madero, con superficie de 1,180 metros cuadrados y los siguientes linderos y medidas; al oriente, en 38 metros cuadrados con la calle del Muelle; poniente, en 37.40 metros cuadrados con propiedad de Catalina Gila Rivas hoy Salón Beer Garden; norte, en 30.70 metros cuadrados con la misma Catalina Gil Rivas y sur, en 30.90 metros cuadrados mediando el Paseo Ramón Corona, con playa de la laguna de Chapala”.
Según un registro comercial datado el 13 de junio de 1939 los trabajadores que prestan sus servicios en el Beer Garden y hotel Niza eran, como meseros: Ignacio López y José Real; como mozos: Candelario Rivera, Luis García y Cesáreo Gutiérrez; como recamareras del hotel, Victoria López; Ayudante de cocina, Justa Siordia y Galopina, Guadalupe Ibarra.
El 17 de enero de 1944 dice un documento: “Natalia Gómez Collazo de Cuevas abre al servicio del público un giro comercial cantina establecido frente a la playa por el Paseo Ramón Corona y que se denomina Beer Garden, el cual seguirá explotando en esta villa”.
El 1 de enero de 1944 Natalia Gómez Collazo de Cuevas solicita al tesorero municipal de Chapala, refrendo del negocio de cantina que tiene establecido frente a la playa, denominado Beer Garden, el cual tiene al servicio del público desde hace mucho tiempo.
Según datos de archivos sobre el comercio local, el 16 de enero de 1959, Luis Felipe Cuevas Gómez y hermanos establecen frente a la playa del Paseo Ramón Corona, sin número, un giro comercial restaurante y cantina denominado Beer Garden, en el que ocupan permanentemente siete personas y un capital invertido de 30 mil pesos.
El Beer Garden fue una permanente fuente de trabajo para muchos chapalenses que les permitió ejercer su carrera profesional y los domingos se les veía muy temprano a pasos apurados pasar a los entonces jóvenes vestidos de blanco y negro con su charola.
La rutina de domingo para los chapalenses era ir a bailar al Beer Garden; las entonces muchachas en edad de merecer, bailaban con los guadalajareños que las encandilaban con su status de fuereños y las apantallaban con mentiras de que eran, por ejemplo agentes distribuidores de hidrocarburos compuestos de propano y butano; es decir repartidores de gas.
Por su parte los jóvenes locales solteros trataban de pescar alguna profesional del mantenimiento del hogar y del cuidado de seres en vías de desarrollo, con ganas de bailar al ritmo de Mike Laure, porque las “de aquí ni nos pelaban” dice un señor amigo mío.
Cuando se acababa la música en el Beer, la fiesta seguía en La Pantera Rosa y aunque en el Beer Garden a veces se armaban los pleitos; en “La Pantera” era una garantía de que iban a llover los chingadazos… Bueno, eso dice el mito. ¿Usted se acuerda?
